miércoles, 2 de abril de 2008

Sirenas y Manatíes en Venezuela


Publicado por Luis B. Mata García en el diario Nueva Prensa de Guayana (16-Agosto-2005).

Las sirenas son personajes mitológicos representados en la antigua Grecia como seres mitad pez y mitad ave con rostro humano, permutándose con el tiempo y la tradición hasta llegar a las representaciones iconográficas de la Edad Media, donde se muestran tal como las conocemos en la actualidad, guíados por la literatura y el cine y en las metáforas basadas en sus cantos.

Distanciados en tiempo y espacio de Grecia y su mitología, se tiene en la historia americana un “avistamiento de sirenas” realizado por Cristóbal Colón en su viaje a la América de 1493. También se conoce el hecho anecdótico de un ser parecido a una sirena, o en todo caso un sireno, por lo que documenta el cronista de Indias Francisco López de Gómara en su obra monumental Historia General de las Indias y la Conquista de México (1552), al afirmar que en las cercanías de la isla venezolana de Cubagua hacían vida “peces que de medio arriba parecen hombres en las barbas y cabellos y brazos”. Pensamos que lo ambos europeos documentaron fueron especímenes de manatíes. El mismo López de Gómara en la obra citada hace referencia de un Manatí criado y domesticado por indios en la isla Española (actuales República Dominicana y Haití), comparándolo con un elefante por la forma de sus pies, y con una vaca por la forma de parir y amamantar a los hijos. Este manatí fue criado por el cacique Caramateji durante 26 años en la laguna de Guainabo y es retratado como de carácter amigable y manso, comiendo de la mano de los indios; escribe López de Gómara que el manatí era capaz de pasar en su lomo hasta diez seres humanos de una vez de un lado a otro de la laguna. Doscientos años después, en 1785, el investigador español Antonio de Alcedo en su obra “Diccionario Geográfico Histórico de las Indias Occidentales o América”, describe al manatí ubicándolo en la especie Trichechus manatis, donde ofrece detalles de su etología y vida en manadas.

Hoy se conoce que los manatíes junto a los dugones son animales acuáticos representantes de un mismo orden natural: Sirenia. Los manatíes tienen la cola achatada y redondeada, mientras que los dugones la tienen similar a las ballenas. Estos últimos sirénidos se localizan unicamente en Australia, mientras que las tres especies de manatíes conocidas están distribuidas en Africa occidental, el Amazonas, las antillas y Mar Caribe. Son los únicos mamíferos acuáticos herbívoros, pueden llegar a medir hasta 3, 5 metros de longitud y pesar hasta 500 kgs. Se ha comprobado que su vida se extiende hasta 70 años y que poseen un pelo por cada 3 centímetros cuadrados. Al igual que otros mamíferos acuáticos como ballenas y delfines, deben salir a la superficie a respirar, intercambiando de una vez hasta el 90% del aire de sus pulmones. Se especula que tienen un origen común con los elefantes, evolucionando desde el Eoceno. La especie venezolana es el Trichechus manatus, señalada a principios del siglo XIX como abundante en los ríos Orinoco, Meta y Apure por Humboldt y Bonpland. Más recientemente han sido observados en el Lago de Maracaibo, los raudales de Atures (Amazonas), Delta Amacuro, Golfo de Paria y en la boca del Río Neverí (Anzoátegui). Los conocedores del tema aseguran que la mayor población de manatíes en Venezuela está en el Caño La Brea del estado Sucre. El manatí es una de las 37 especies animales en “veda indefinida” en Venezuela desde 1979, medida básica necesaria para coadyuvar a proteger, y conservar para las generaciones futuras, una de las especies fascinantes de la Tierra de Gracia.

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